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miércoles, 11 de febrero de 2015

Castillos y fortalezas del Valle Medio del Guadalquivir

"Cuidémonos de no retirarle a nuestra ciencia su parte de poesía". Esta magnífica cita del gran historiador medievalista francés Marc Bloch, en su libro "Apología para la Historia o al oficio del historiador", es uno de los mejores lemas  para un investigador del pasado. El cofundador de la revista Anales, que revolucionó la investigación histórica, sabía muy bien que el apego del historiador al objeto de su estudio es grande, aunque esta empatía deba ser mesurada, no se puede obviar el factor vocacional de nuestro oficio. Es verdad que muchas veces hay sinsabores, decepciones y sobre todo mucho trabajo en silencio y soledad. Pero cuando finalmente se va desenmarañando algo de la niebla del pasado, para observarlo desde el presente, el trabajo del historiador da sus resultados. 


Por esta razón es para mi un placer comunicar mediante este blog, mi modesta aportación al conocimiento histórico del Valle Medio del Guadalquivir. Este próximo viernes 13 de febrero a las 20 horas, en el antiguo convento de Santa Clara presento mi libro "CASTILLOS Y FORTALEZAS DEL VALLE MEDIO DEL GUADALQUIVIR . GUÍA DE PATRIMONIO FORTIFICADO". En esta obra se recopila información sobre 18 espacios defensivos del Valle  medio del Guadalquivir entre Córdoba y Sevilla. Más allá, de la confección de un catálogo de elementos fortificados he procurado dotar de contexto histórico a todos estos monumentos que han sufrido distinta deriva histórica. No quiero extenderme en esta entrada sobre el libro, habrá futuras ocasiones y además quiero que el lector se acerque sin condicionantes previos.



Sólo pretendo acabar esta entrada como empecé, hablando de poesía, o de historia o en resumen de vida. En el año 1997 cuando la vocación de la historia ya se movía dentro, conversaba mucho con mi tío abuelo Juan.En una ocasión me dijo que en el Retortillo existía un viejo castillo. Por aquel entonces, no hice mucho caso a su afirmación pensando que serían leyendas de anciano. Pero todo cambió cuando junto a mi padre, en una de nuestras frecuentes salidas a la sierra, me dijo que el castillo estaba cerca. Tampoco lo creí y le dije que me llevara, y así fue, el castillo del Toledillo estaba mimetizado por el entorno pero conservaba una torre, un pozo y una muralla perimetral. Había estado pescando muchas veces en su falda y nunca lo había visto, jamás hubiera pensado que aquel monumento estaba allí, olvidado. En aquel tiempo tenía 18 años y desde ese momento la llamada del pasado fue imparable, supe que quería dedicarme a la historia. Aquella fresca mañana de viernes santo, la primavera irrumpía en la sierra inundando todo el paisaje .Desde entonces me he dedicado a investigar estos monumentos de un pasado lejano que se encuentran más cerca de lo que parece. Conocer estos lugares es el primer paso para conservarlos, para evitar que muchos de ellos permanezcan relegados en el olvido...