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domingo, 14 de junio de 2015

Pleitos en defensa de la feria de Palma



Las ferias actuales tienen su precedente histórico en los mercados anuales relacionados con el sector primario que servían para intercambiar productos, animales y mercaderías. El origen y desarrollo de estos lugares de comercio se produce durante el Medievo y el caso de Palma es modélico. Desde finales de la Baja Edad Media se organiza el comercio de nuestro pueblo, mediante una feria anual que se posicionaba en la calle del mismo nombre. La actual feria de agosto, tiene como precedente el mercado que el Rey Juan II en 1451 concedió al 6º Señor de Palma Martín Fernández Portocarrero “de 15 días de duración y que habría de comenzar el día de Santa María de agosto”.



Esta feria anual se convirtió en referente en todo el valle medio del Guadalquivir y era objeto de protección especial por parte de la familia Portocarrero. En la Edad Moderna, el comercio aumenta y se va extendiendo, comenzando a existir mercados locales de carácter anual en muchos pueblos. Estos mercados ocasionales en otras villas de la comarca, a pesar de no tener la importancia de la feria palmeña, levantaron las suspicacias del conde de Palma. Esta situación de posible amenaza a los intereses económicos del condado, que mediante alcabalas e impuestos era beneficiario de las negocios efectuados en la feria, provocó la puesta en marcha de pleitos para defender la primacía de la feria de Palma en la comarca.

Por esta razón, comenzó un proceso judicial contra el concejo de la villa de Lora, por su supuesta permisividad con un mercado que se organizaba alrededor de la festividad de Setefilla. De estas demandas judiciales fechadas en el año 1616, se conservan un par de ejemplos en la documentación histórica de la Real Chancillería de Granada. Gracias a estos legajos podemos saber que la feria de Palma tradicionalmente comenzaba el 24 de agosto, coincidiendo con la festividad de San Bartolomé. Ordinariamente el mercado duraba entre siete y ocho días, por lo que terminaba a principios del mes de septiembre. Unos días después comenzaba en Lora la festividad que conmemoraba la virgen de Setefilla y coincidiendo con sus fiestas se organizaba un pequeño mercado. Por este motivo el condado de Palma interpone pleitos para defender la feria “de todo daño y perjuicio del privilegio y feria antiquísima que en la villa de palma se hace desde quince días del mes de agosto hasta quince días del més de septiembre de cada año, del cual me ha venido y viene notable por hacer feria dentro de este tiempo”.

Como en todos los procesos judiciales el demandado, en este caso el concejo de la villa de Lora, se defendía alegando que no existía tal mercado si no “el concurso de mucha gente a las fiestas de Setefilla”. Además, según este concejo los beneficios de los impuestos (alcabalas) sobre las pequeñas ventas que se realizaban alrededor de esta festividad no iban para el propio concejo, si no que recaían en el conde olivares.

La actividad económica, social e incluso cultural se veía condicionada por estas ferias que alteraban el tranquilo discurrir de una villa rural. En la actualidad la feria ha cambiado pero no se debe olvidar los orígenes de estos acontecimientos que han marcado la historia de un pueblo.

jueves, 7 de mayo de 2015

Una historia huérfana. Homenaje a Pepe López


Escribir palabras en momentos como estos es difícil,  aveces algunos acontecimientos nos desbordan y hay pérdidas que nos dejan sin aliento. Hoy hace una semana que estuvimos hablando por última vez. En nuestras habituales conversaciones sobre historia, le pedí que estuviera en la presentación de mi libro en Peñaflor. Me hubiera gustado que ese día Jose Francisco López Muñoz me hubiera acompañado en la mesa( iba a ser este próximo sábado 9 de mayo) y como siempre, como hacía con todo el mundo, me dijo que contara con él sin dudarlo. Pepe conocía como pocos el pasado del valle medio del Guadalquivir desde la Prehistoria, hasta el periodo Romano ( donde siempre había defendido la importancia social, cultural y económica que para Peñaflor tenía la recuperación del yacimiento de Celti). Además de sus múltiples artículos e investigaciones históricas sobre Peñaflor, deja dos libros inéditos que deben ser publicados.El primero de estos libros profundiza sobre los castillos de Peñaflor ( su conjunto fortificado, castillo del Toledillo y el de Almenara). El segundo libro es un impresionante trabajo de recopilación documental e histórica de la villa de Peñaflor, que presentó el año pasado en las Jornadas de Patrimonio expuso y donde se le notaba feliz por comunicar este trabajo a su pueblo. En una entrada anterior hablé de la vocación del historiador y a Pepe esa vivencia del pasado le llenaba la vida. Siempre defendía la utilidad social de la historia, la importancia de la memoria en nuestro tiempo y la necesidad de implicar a los jóvenes en estos procesos de conocimiento.

Algunas de esas investigaciones que estabamos empezando a cimentar, las habíamos pensado desde una perspectiva comarcal. Estabamos de acuerdo que había que superar el ámbito local para enlazar con la historia de los pueblos vecinos del valle del Guadalquivir ( Hornachuelos, Palma, Posadas, Peñaflor, La Puebla de los Infantes, Lora, etc...).La división en dos provincias, no podía obviar las afinidades en el pasado y habíamos hablado de hacer un estudio conjunto de patrimonio hidráulico y más adelante de la evolución histórica del valle. 

Ayer se nos marchó el gran pulmón, el corazón y el cerebro de muchos de estos proyectos, pero no podemos, quizás no debemos olvidar estos planes que entre varios investigadores habíamos comenzado a trazar. La mejor forma de recordarlo es seguir trabajando en estos temas y nadie mejor que Pepe y sus palabras para resumir este afán: " Cuando falte, quiero suplir el pesar de la ausencia en los corazones de las personas queridas, con importantes trabajos de investigación patrimonial e histórica; en ello ando, para transmitir a las nuevas generaciones el gusto por el conocimiento y la investigación... para que cada vez seamos mas grandes y más personas... quien conoce su pasado tiene en sus manos poder cambiar a positivo parte del futuro..."

jueves, 26 de marzo de 2015

Los nombres de Palma del Río en 1636

El pasado sábado 21 de marzo participé en las X Jornadas de Historia Cardenal Portocarrero con una ponencia sobre el Padrón de Armas de Palma del Río en 1636. En una entrada anterior yo hablé del padrón de armas de Peñaflor y pronto espero que salga publicado un artículo sobre el mismo. En paralelo a la información de los cabezas de familia de la antigua Celti, se llevó a cabo la visita y recopilación de datos en Palma del Río. Aunque los hombres registrados en Palma son 700, por 145 de Peñaflor . En esta última villa además del nombre, edad, estado civil y otros datos como profesión o si había pertenecido a la milicia, también se señala el número de hijos y su edad. En el caso palmeño no tenemos constancia de los hijos del cabeza de familia, pero si de alguna información valiosa como la profesión. Tenemos memoria gracias a este padrón de la importancia del oficio de pescador ( de río ), de otros oficios perdidos como galafate ( el que realiza portes ), cerero ( trabaja con la cera ), etc...


Toda esta información esta organizada en calles, algo que también nos dota de un interesante testimonio desde el punto de vista urbanístico del siglo XVII. Aunque he transcrito todo el documento espero poder publicarlo pronto en las actas de las jornadas, para dar a conocer los nombres de Palma del Río en marzo de 1636.

Esta fue la presentación que expuse.


miércoles, 11 de febrero de 2015

Castillos y fortalezas del Valle Medio del Guadalquivir

"Cuidémonos de no retirarle a nuestra ciencia su parte de poesía". Esta magnífica cita del gran historiador medievalista francés Marc Bloch, en su libro "Apología para la Historia o al oficio del historiador", es uno de los mejores lemas  para un investigador del pasado. El cofundador de la revista Anales, que revolucionó la investigación histórica, sabía muy bien que el apego del historiador al objeto de su estudio es grande, aunque esta empatía deba ser mesurada, no se puede obviar el factor vocacional de nuestro oficio. Es verdad que muchas veces hay sinsabores, decepciones y sobre todo mucho trabajo en silencio y soledad. Pero cuando finalmente se va desenmarañando algo de la niebla del pasado, para observarlo desde el presente, el trabajo del historiador da sus resultados. 


Por esta razón es para mi un placer comunicar mediante este blog, mi modesta aportación al conocimiento histórico del Valle Medio del Guadalquivir. Este próximo viernes 13 de febrero a las 20 horas, en el antiguo convento de Santa Clara presento mi libro "CASTILLOS Y FORTALEZAS DEL VALLE MEDIO DEL GUADALQUIVIR . GUÍA DE PATRIMONIO FORTIFICADO". En esta obra se recopila información sobre 18 espacios defensivos del Valle  medio del Guadalquivir entre Córdoba y Sevilla. Más allá, de la confección de un catálogo de elementos fortificados he procurado dotar de contexto histórico a todos estos monumentos que han sufrido distinta deriva histórica. No quiero extenderme en esta entrada sobre el libro, habrá futuras ocasiones y además quiero que el lector se acerque sin condicionantes previos.



Sólo pretendo acabar esta entrada como empecé, hablando de poesía, o de historia o en resumen de vida. En el año 1997 cuando la vocación de la historia ya se movía dentro, conversaba mucho con mi tío abuelo Juan.En una ocasión me dijo que en el Retortillo existía un viejo castillo. Por aquel entonces, no hice mucho caso a su afirmación pensando que serían leyendas de anciano. Pero todo cambió cuando junto a mi padre, en una de nuestras frecuentes salidas a la sierra, me dijo que el castillo estaba cerca. Tampoco lo creí y le dije que me llevara, y así fue, el castillo del Toledillo estaba mimetizado por el entorno pero conservaba una torre, un pozo y una muralla perimetral. Había estado pescando muchas veces en su falda y nunca lo había visto, jamás hubiera pensado que aquel monumento estaba allí, olvidado. En aquel tiempo tenía 18 años y desde ese momento la llamada del pasado fue imparable, supe que quería dedicarme a la historia. Aquella fresca mañana de viernes santo, la primavera irrumpía en la sierra inundando todo el paisaje .Desde entonces me he dedicado a investigar estos monumentos de un pasado lejano que se encuentran más cerca de lo que parece. Conocer estos lugares es el primer paso para conservarlos, para evitar que muchos de ellos permanezcan relegados en el olvido...

viernes, 24 de octubre de 2014

Historia de un asesinato

Aunque las noticias sobre malos tratos a las mujeres son de triste actualidad en los últimos años. Este drama ocultado detrás de las puertas de los hogares durante gran parte de la historia, en algunas ocasiones salía del ambito privado para hacerse público. Las primeras muestras de esta lacra en la historia local estan documentadas, mediante el testimonio conservado en el Archivo General de Simancas, sobre los malos tratos que por una comisión le hacen llegar a Luis Portocarrero Señor de Palma " sobre las diferencias y malos tratos que Leonor González de Avila, vecina de Palma, recibe de su marido Pedro de Palma ".



Otra tragedia mas profunda y de largo eco en la historia tiene su origen en el suceso acaecido en 1489, cuando un documento conservado en el Archivo General de Simancas, muestra la comisión a petición de Antón Cabeza de Vaca para que se castigue a Juan de Manos Albas. En el documento que he transcribido en parte, conocemos que el nombre de la mujer de Manos Albas era Marina Cabeza de Vaca y que según el documento " que la muerte fue en ella con muchas crueldades". Recordemos que este asesinato, posteriormente motivó la búsqueda del perdón por parte de Manosalvas mediante la bula de fundación del convento de Santa clara. Juan de Manosalvas cofrade de los hospitales de cuerpo de Dios y de San Sebastián de Palma de Micergilio asesinó a su mujer nueve años antes de donar sus propiedades, para la fundación del convento de clausura de Santa Clara en Palma del Río.



martes, 12 de agosto de 2014

El padrón de armas de Peñaflor

En el Archivo Municipal de Écija se conserva una interesante documentación sobre la villa de Peñaflor fechada en el año de 1636. Durante el mes de marzo de ese año, una comisión formada por el alcalde Juan Nieto de Alfaro y los regidores Francisco de León Agredano y Francisco de Velasco, visitó todas las casas de la villa para contabilizar los hombres de cada hogar, conocer su edad y descendencia. El objetivo de esta recopilación de información pudo estar relacionada con la unión de armas promovida por el Valido del rey Felipe IV. Mediante este proyecto, el Conde Duque de Olivares pretendía que todos los “reinos, estados y señoríos” de la corona contribuyeran con hombres, armas y dinero en proporción a su riqueza para la defensa del estado y sus intereses. Recordemos que la monarquía hispánica estaba implicada en varios conflictos armados en el continente y necesitaba recursos humanos, materiales y monetarios. Por ello, se realizó este inventario que nos lega la primera información sobre la población de Peñaflor a comienzos del siglo XVII.

En este primer padrón podemos observar que el pueblo contaba con 141 cabezas de familia repartidos por las distintas calles de la villa. Estos hombres eran clasificados por edades, estado civil, número de hijos y la edad de estos. Además de conocer sus nombres, en algunos casos se señalan oficios como tejedor, albañil o carpintero, aunque se presta especial atención a los que habían prestado servicios en el ejército. Este censo militar, nos señala que ocho habitantes de Peñaflor habían sido mozos o soldados de milicia.

La información que nos suministra también es de gran utilidad para conocer la trama urbana de la villa, ya que está organizado por calles y casas. El padrón comienza por la calle Real y le siguen la calle de la Carnicería, la de las Cuevas, de la Morería, del Castillo, la calle Nueva, la Blancaflor, la del Pozo, la de Angulo, para terminar en la calle del Río.

El documento guarda un interesante pregón por el cual se manda que quién: “ tuviere armas referidas en la cédula de su magestad las vengan a testificar dentro de dos días con apercibimiento que de no hacerlo se procederá contra los rebeldes como su magestad lo manda “. El testimonio final de este legajo, nos muestra la situación de crisis en la que se encontraba el país. La monarquía asfixiaba con impuestos y contribuciones a la nación para sostener sus conflictos en el exterior. En la memoria, los firmantes señalan que “ este concejo es muy pobre y no tiene propios para poder servir a su magestad en la prevención de las armas y no tener arbitrios que proponer a su magestad por haber servido por vía de donativos con ochocientos ducados pagados en seis años a que esta dicho concejo obligado “.

lunes, 4 de agosto de 2014

Palma del Río vado fortificado

El entorno de Palma del Río ha sido históricamente, una de las encrucijadas  más importantes del valle del Guadalquivir. La unión de los dos grandes ríos de Andalucía convirtió este fértil territorio, en cruce de caminos desde la antigüedad. El río Guadalquivir durante el imperio romano fue en una próspera vía de comunicación que también hizo navegable el Genil hasta Écija. En las orillas de estos ríos, se trazaron dos de los caminos históricos más importantes de la historia andaluza.  La vía romana desde Astigi (Ecija) hasta Emerita Augusta (Mérida) atravesaba el vado natural del Guadalquivir entre Palma y Peñaflor para internarse en Sierra Morena camino de  Extremadura. De mayor trascendencia para la posterior historia medieval, fue el desarrollo del camino por el norte del Guadalquivir que comunicaba Córdoba y Sevilla. Para enlazar  las dos  grandes ciudades de la bética se levantaron puentes como el que todavía podemos observar en el río Retortillo. La unión entre la vía terrestre y la vía fluvial convirtió esta comarca en un importante núcleo exportador de aceite para todo el imperio romano. 


En el discurrir de la historia, el periodo andalusí vio como esta prosperidad comercial decrecía sin llegar a desaparecer, pues la navegación del Guadalquivir aunque en menor medida pervive mediante barcas durante toda la Edad Media. Este factor y la cada vez más importante senda terrestre por el norte del río Grande, hizo que este camino fuera fortificado. Desde el tiempo de los Omeyas existían enclaves defensivos a orillas del Guadalquivir. Pero es en periodo Almohade cuando la amenaza de los reinos cristianos,  hace que este valioso camino sea jalonado de castillos y torres vigía. En la segunda mitad del siglo XII, se mejora la defensa del Guadalquivir en su vertiente norte por las incursiones castellanas que aprovechaban los pasos naturales de Sierra Morena para atacar el valle. Por ello, se crean o refuerzan enclaves fortificados, como Almodóvar, Moratalla, Hornachuelos y Setefilla. La encrucijada de caminos y vías fluviales que significa el vado de Palma del Río, cobra importancia y se blinda mediante un recinto militar con doble defensa formada por un castillo y una muralla que lo rodeaba. Este control del espacio del Guadalquivir medio estaba completado por otras fortalezas que tenían relación visual con Palma del Río. En primer lugar, a escasos seis kilómetros y en el otro lado de la confluencia de los dos grandes ríos andaluces nos encontramos la fortaleza de Peñaflor con castillo sobre una elevación y muralla en su perímetro. De este castillo realizado con la misma técnica que el de Palma (tapial) en la actualidad, solo se conservan restos de parte del muro este y sur. Tampoco podemos olvidar la relación entre este fortín y la torre de Villadiego, situados ambos en un punto donde controlaban tanto el camino como el paso del río.


En el pie de sierra Morena  y controlando la conexión entre la vía terrestre por la orilla norte del Guadalquivir y los pasos de sierra encontramos los interesantes castillos de Almenara y Toledillo. El primero de ellos posee un foso y una interesante torre de alzado octogonal pero de planta cuadrada. Este castillo durante el año 1453, pasó a formar parte del señorío de Palma y, posteriormente su título de marqués de Almenara recaía en el heredero del condado de los Portocarrero. El castillo de Toledillo o Malapié, se encuentra en una mesa elevada sobre el río Retortillo y guarda el paso natural que constituye este cauce que baja desde Sierra Morena a confluir con el Guadalquivir. Este bastión tiene un torreón de sillares que mira al norte y un recinto perimetral sobre la roca natural. Durante la baja Edad Media la casa de Palma intentó hacerse con su control pugnando con el obispo de Córdoba. Todos estos puntos de control militar, estratégico e incluso hacendístico,  nos han legado restos. Pero existían más enclaves en otros montes cercanos de los que sólo nos queda recuerdo en nombres de lugar, como por ejemplo la Atalaya. 


Tampoco debemos olvidar que el río Genil en su último tramo también estaba protegido. La importancia de Écija como gran municipio del Valle del Guadalquivir, hace que a su alrededor se establecieran en periodo islámico distintos lugares de control. Entre la orilla oeste del Genil y la antigua vía romana que siguió siendo utilizada como camino, se establecieron torres como la de Mochales, Torregil y la Atalaya de cabeza de Saetilla en la Serrezuela. El antiguo camino romano tenía ramales que comunicaban Écija con Lora del Río por la orilla Sur del Guadalquivir y allí encontramos el último castillo de este sistema defensivo. El desaparecido Hisn musulmán de Alhonce, se encontraba a orillas del arroyo de la Madre de Fuentes y el cruce de los caminos de Écija a Lora del Río y de Palma a la Monclova[1]. En la actualidad no perduran restos de este enclave defensivo, que también formó parte del señorío de Palma cuando en 1344 Egidio Bocanegra toma posesión de las cercanas tierras del Álamo “con su fuente, término, vasallos y castillo”. La importancia de la historia del entorno que nos rodea, con su organización mediante caminos, puentes, pueblos y castillos constituye un rico patrimonio a proteger y difundir. Por ello, en los próximos meses presentaré un libro guía de este patrimonio que se organizaba alrededor de una de las arterias naturales e históricas más importantes de Andalucía[2].





[1]Ordóñez Agulla S.M,  Márquez Pérez J., García-Dils de la Vega S.: Sistemas de información geográfica aplicados al territorio de Écija.  3º Congresso de Arqueología Peninsular. 1999. págs. 85-114.


Navarro Martínez, E.J: Castillos y fortificaciones del Valle Medio del Guadalquivir. Guía de patrimonio Fortificado. En prensa.