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miércoles, 26 de abril de 2017

La Fuente de la Sepultura del Moro

Hace un tiempo escribí una entrada en este blog sobre mapas antiguos de Palma del Río. Uno de los más interesantes es el que encontré en los archivos digitalizados de la Casa de Hijar que están dentro del archivo de Aragón. Este plano de la heredad de Miravalles pudo estar realizado a finales del Siglo XVIII o la primera mitad del siglo XIX y nos muestra la información de un territorio ( cortijos, demarcaciones de tierras, caminos, lagunas etc...). 


Como el contenido que podía aportar este plano de un momento histórico muy concreto me pareció muy útil, transcribí la leyenda del mapa. La información es rica en descripciones y aunque todavía estoy comparándolo con los mapas actuales, me fijé en las fuentes que contenía. En la actualidad, estoy catalogando fuentes y manantiales del término de Palma del Río y este mapa habla de la existencia de cuatro fuentes ( de la Zarza, de los Porqueros, de la Negra y de la Sepultura del Moro). Al comparar el mapa con el territorio del que habla me fijé en los límites del plano; que son el Arroyo Madre de Fuentes y el de La Matilla. Gracias a esos dos hitos pude situar una de las fuentes de nombre más llamativo que era la de " La Sepultura del Moro ". Este manantial estaba situado en un regajo que tributaba aguas al arroyo de La Madre ( Madre de Fuentes ). De hecho la zona todavía en la actualidad recibe el nombre de cerro de La Sepultura. Esta fuente está situada dentro de las tierras de Somontes. 


A pesar de que el pilar es más actual y está seco, el manantial  de la fuente aún fluye y aunque la zona fue desmontada en el tiempo en el que se realizó este plano, aún se conservan encinas y monte bajo mediterráneo. Esta es la ficha de la fuente que inserté en el catálago andaluz de fuentes y manantiales.


lunes, 14 de noviembre de 2016

Paisajes históricos de Palma del Río


La situación de Palma del Río en el valle medio del Guadalquivir ha influido en su historia, cultura y economía. El territorio de la vega ha ido cambiando y evolucionando en paralelo a la actividad humana. Desde los primeros ejemplos de culturas productoras ( yacimiendo de La Verduga ), el hombre ha intervenido en el espacio que lo redea marcando su transformación. Alrededor de nuestro pueblo existen multitud de paisajes, que como nuestro núcleo urbano han sufrido una interesante deriva histórica.

Nuestro paisaje histórico más conocido es el que configurado mediante pagos de huerta ( con huertas, norias y sistemas de riego ) que se organizan alrededor de los ríos Guadalquivir y Genil. La referencia más temprana a estos pagos de huertas se remonta al año 1343, cuando en documentación se menciona el pago de La Barqueta. Además de este singular paisaje histórico, en nuestro alrededor contamos con otros enclaves históricos de interés que no deberían caminar hacía el olvido. Uno de ellos es el que hoy se conoce como las “Barrancas de los Ciegos”. Con este curioso apelativo, aparece en fecha tan temprana como el año 1377 el topónimo de "Torronteras de los Çiegos", en la colección documental del Hospital de San Sebastián custodiada en el Archivo Municipal de Palma del Río. De esta forma se denominaba uno de los accidentes geográficos y paisajísticos más llamativos de nuestro término municipal.En este lugar es donde los terrenos de la campiña se encuentran con el valle del Guadalquivir creando un curioso y árido paisaje de escorrentias de arcilla. Desde el deslinde de términos municipales que se esboza en la baja Edad Media y se asienta en la Edad Moderna, las líneas de este precipicio sirven para delimitar los municipios de Palma y Lora. Según cuentan, aquel lugar servía como antigua cantera donde los alfareros extraían la arcilla para sus talleres de cerámica. A los pies de estos barrancos, hasta hace un par de siglos discurría el Río Guadalquivir, que en su continuo cambio de cauce ha movido sus aguas casi dos kilometros en dirección norte. Todavía la antigua madre vieja del Guadalquivir es atravesada por el arroyo de La Matilla.





Otro de los lugares históricos de Palma del Río es el Cerro de San Cristóbal. Esta colina conserva en su cima monte bajo y palmitares, recuerdo de la antigua vegetación que poblaba la zona antes de la roturaciones agrarias. Siempre se contaron leyendas sobre el lugar, desde que allí terminaban los túneles que atravesaban Palma del Río, hasta que bajo una gran piedra se ocultaba un tesoro e incluso que un alma en pena vagaba errante por esos lares. En relación con esta interpretación popular, esta zona se denominó en la baja Edad Media Cerro San Cristóbal, como muchos otros lugares altos cercanos a poblado. La advocación de este santo, estaba conectada con los sitios elevados y aislados, ya que San Cristobal, según la leyenda cristina era comparado con un gigante en la antigüedad. Como señala Manuel Nieto Cumplido en su libro “Palma del Río en la Edad Media”, estos lugares estaban relacionados con la devoción popular a santos protectores, como Santa Bárbara o este San Cristóbal que protegería de la muerte sin confesión. Por ello, en muchos montes se erigieron ermitas en los puntos más altos para que al despertar, según la costumbre, se mirara y estar de esta forma protegido durante el día de una mala muerte repentina. En las cercanías de Palma del Río, existe otro cerro San Cristóbal que domina el valle y separa las poblaciones de Peñaflor y La Puebla de los Infantes. La historia de este lugar viene marcada por la magnífica ubicación visual del entorno. Desde la prehistoria, existen en los alrededores de este cerro asentamientos como el de La Verduga y villas romanas.La ermita o espacio de culto de San Cristóbal, se desarrolla en un espacio temporal difuso entre el siglo XIII y su paulatino abandono durante la Edad Moderna. Con una historia paralela, también nos encontramos la desaparecida ermita de Santa Lucía, situada a escasos kilómetros y con un parecido devenir temporal. En la actualidad, en el lugar de San Cristóbal no se aprecian estructuras o construcciones, los vestigios materiales son escasos, pues sólo en dirección Este se pueden distinguir algunos restos de cimentación cubierta por la vegetación. También se observan fragmentos de tierra compactada, que pudieron formar parte de muros de tapial. Aunque el lugar se encuentra muy alterado por la acción agraria de los alrededores, si se pueden encontrar en superficie restos cerámicos. Una de las últimas modificaciones del entorno fue la realizada a raíz del levantamiento en 1975 de un vértice geodésico. El tiempo casi ha borrado de la memoria este lugar de San Cristóbal, pero a pesar de ello, merece la pena acercarse a este promontorio para observar una magnífica vista del valle del Guadalquivir y de la confluencia de los dos ríos mas importantes de Andalucía.


El paisaje de campiña está bien representado en el término de Palma del Río. En el límite territorial con Fuente Palmera se encuentran las tierras de La Algaba y La Jara. Ambos topónimos tienen origen árabe, en el caso de Algaba significa “ El Bosque “ y la Jara tendría la traducción de “ tierra llena de vegetación “. Estas denominaciones nos muestran el antiguo paisaje de aquel lugar, dónde abundaba el bosque mediterráneo y la vegetación. Esta zona como otras del paisaje de campiña fueron sometidas a un importante proceso de desmonte y puesta en cultivo en los últimos siglos. En un lado del camino existe un manantial de planta rectangular de unos diecisiete metros de largo por seis de ancho. En su interior encontramos dos elementos divididos, una parte de abrevadero de dos metros de ancho y un pozo central que podría surtir de agua el centro del pilar. Las dimensiones de esta fuente nos muestra la importancia que tuvo como lugar de suministro de agua y abrevadero para animales. En la actualidad, se encuentra cubierto de vegetación y apenas contiene agua. El estado de abandono de esta fuente nos debe hacer reflexionar sobre el uso del agua y la sobreexplotación de manantiales naturales e históricos. Como anécdota señalar que antiguamente se decía en Palma del Río un refrán referido a esta zona, " Estás mas loco que la jaca de la Algaba". Supuestamente el agua de este pilar producía algún tipo de locura a quién la bebía. El pago de la Algaba llegó a contar con unas pequeñas escuelas rurales tras la guerra civil. En la zona también existían cuatro molinos que aparecen en la cartografía del siglo XIX con los nombres de Molino del Cañaveral, Molino del Castillo, Molino de Guzmán y Molino Alí.




El paisaje que tenemos a nuestro alrededor también tiene historia y por esta razón en los últimos años se están realizando acciones de difusión y protección. El Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico ha creado la categoría de Paisaje de Interés Cultural para dar a conocer la historia y el patrimonio cultural en relación con el entorno. Todas estas acciones buscan divulgar la importancia del paisaje desde la perspectiva del entorno histórico que nos rodea.

viernes, 19 de agosto de 2016

Topografía de la galería de agua del Retortillo

Hace cuatro años escribí una entrada en este blog sobre la galería ( posible mina ) de agua del Retortillo. La construcción de ese túnel y la finalidad de esta importante obra, que hoy aparece aislada, me ha tenido en la incógnita desde entonces. En una ocasión pude entrar unos metros para observar este conducto por el que cuando llueve aún baja agua hacia el Retortillo. A pesar de haber entrado unos metros observé como el túnel se estrechaba, y fui consciente de que para completar el recorrido en su totalidad necesitaría la ayuda de espeleológos. Por esta razón contacté con Abén  del grupo espeleológico G-40 y le comenté la posibilidad de realizar la visita al túnel. Abén es un entusiasta de las cuevas, abrigos y otras oquedades ( tanto naturales como realizadas por la mano humana)  y desde el principio se mostró interesado. Además desarrolla en los últimos años un importante trabajo de investigación, catalogación y divulgación de este tipo de patrimonio natural y humano en la provincia de Córdoba junto a todo el G-40. 







Por todo lo anterior quedamos el pasado día 12 de agosto para visitar y documentar esta perforación en galería realizada por la mano del hombre sin ninguna finalidad aparente. El trabajo de topografía realizado por Abén y por Gloria ( arqueóloga del G-40 ) ha sido magnífico. A pesar de la dificultad de completar el recorrido de la galería y del calor de aquella tarde, pudieron medir y topografiar todo el túnel. Como expertos en cuevas y oquedades estaba esperando su opinión sobre esta galería. Al terminar la exploración, como en tantas ocasiones cuando se investiga algo, todos teníamos más dudas que certezas. La pregunta de la finalidad de tanto trabajo para algo aislado y tan cercano al agua nos deja como casi al principio. Quizás la única explicación que encontramos es que esta oquedad artificial es el único resto de una antigua construcción ubicada en la superficie y que servía para drenar agua en dirección al Retortillo, a través del afloramiento de piedra. 




Como se puede observar en el documento de topografía la galería tiene 21 metros de longitud, con orientación este - oeste y está totalmente excavada en la roca. La altura en el interior oscila entre el metro  en la entrada oeste y los 50 centímetros de la entrada este. A causa de la colmatación de piedras la galería se va cerrando durante su desarrollo interior. También aparecen algunas hondonadas y derrumbes en el suelo. 



Uno de los elementos más curiosos de este túnel son las pequeñas hendiduras en la piedra realizadas para sostener algún elemento de iluminación ( velas ). De este tipo de huecos se pudieron contar unos cuatro. En las fotografías podemos también observar con detalle las marcas de cincel con el que fue trabajada la piedra. 




Descartada la posibilidad de sondeo minero o pequeña mina para extraer metal. La única explicación que por ahora podemos acertar a dar es la que relaciona este considerable trabajo sobre la piedra, con una edificación superior hoy desaparecida que necesitaba de este drenaje para evacuar agua. La cronología es otra incógnita, cerca en la otra orilla del Retortillo he podido documentar los restos de un molino y también en los alrededores se encuentra el puente romano que cruzaba este río.  Aunque la incógnita sobre este lugar persiste, el trabajo de Abén y Gloria ha servido para documentar y topografiar este elemento histórico oculto desde hace tiempo en la ribera del Retortillo.

lunes, 16 de mayo de 2016

Permanencia y cambio en la historia de la Feria de Palma

Yo el Rey por facer bien e vuestra merced a vos Luis Puerto carrero mi vasallo tengo por bien e daros mi merced e mando que de agora adelante para siempre jamas haya en dicha villa de Palma una feria en agosto de cada año.” Así comenzaba la merced que otorgó el rey Juan II en enero de 1451 al VII Señor de Palma Luis Portocarrero, para realizar un mercado anual “de 15 días de duración y que habría de comenzar el día de Santa María de agosto” . Esta feria que estuvo situada en la actual calle feria y fue uno de los motores económicos de la villa, se convirtió en referente comercial de la comarca. Además sirvió para asentar el eje comercial de la calle feria, como columna vertebral del desarrollo urbanístico de la villa desde el final de la Edad Media y durante toda la Edad Moderna.

La feria de ganados y productos agrícolas de Palma, supone la mejor muestra del desarrollo económico que supondrá uno de los pilares para la expansión de los siglos XV y XVI. Este mercado fue tomando cada vez más importancia en la comarca del valle medio del Guadalquivir y los rendimientos económicos e impuestos que producía, eran importantes para la casa de los Portocarrero. Por esta razón, los señores de Palma cuidan y protegen esta importante feria comercial. Cuando a comienzos del siglo XVII, les llega la noticia de que en Lora del Río durante la festividad de la virgen de Setefilla, en Septiembre, se organiza un mercado con la pasividad del concejo de esta villa, comienzan un proceso de pleitos contra este concejo por el posible perjuicio económico a la feria palmeña. En este pleito, la casa Portocarrero remarca que defenderá “de todo daño y perjuicio el privilegio y feria antiquísima que en la villa de palma se hace desde quince días del mes de agosto hasta quince días del mes de septiembre de cada año”.

La importancia de la feria de agosto palmeña será reflejada por el gran escritor cordobés Luis de Góngora y Argote, que en el año 1610 nos muestra la repercusión exterior de la feria palmeña en un pasaje de su primera obra de teatro llamada “Las Firmezas de Isabela”. En esta obra de teatro escrita en verso podemos leer:

Partíme para la feria,
que se celebraba adonde
los dos ríos, los dos reyes
de la Andalucía, corren
a besar el pie de una palma,
porque ella siempre corone
las siempre gloriosas sienes
del que es palma de los condes.
Despaché cuanto era mío
y empleé mi caudal pobre
en la riqueza mayor
que Palma tenía entonces:
en aqueste caudaloso
granadino gentilhombre,
que no sólo hoy en mi casa,


Durante los siglos XVIII y XIX la feria de agosto continuó teniendo una importancia notable, por esta razón, se decidió crear otro mercado anual durante el mes de mayo. La fecha de creación de este segundo evento comercial aún está pendiente de fijar. Aunque en un principio fue una feria menor, con el paso del tiempo fue creciendo y en el siglo XX tenía la misma entidad que su hermana más antigua.

La vertiente comercial, con el paso de los años fue teniendo cada vez menos interés y aunque se mantuvo hasta bien entrado en siglo XX, empezó a tener un carácter residual. Sin embargo, la dimensión festiva de la feria aumentó durante el siglo XX y terminó prevaleciendo. 


La noticia de esta entrega de premios ocupó la portada del Diario cordobés “ La Voz – Diario Republicano” . Además, en páginas interiores en un extenso artículo nos informa la noticia, que para esta entrega de premios se desplazaron a Palma desde el Córdoba el gobernador provincial, alcalde y concejales del ayuntamiento cordobés, el director de la escuela veterinaria Rafael Castejón, el inspector veterinario de la provincia, el presidente de la Asociación Provincial de Ganaderos y el alcalde de Hornachuelos. Todas las autoridades fueron recibidas por el Alcalde de Palma del Río Don Antonio Delgado. Tras llegar a la caseta de la amistad del ferial, las autoridades asistieron a un desfile de ganados premiados en el concurso. En ese momento se hicieron entrega de los premios a los criadores por categorías. Existían en aquel concurso premios para los mejores criadores de ganado vacuno, equino, lanar, cabrio y cerdos.



 
Poco antes de la guerra civil, aún quedaban pruebas de la finalidad comercial y ganadera de la feria de mayo. Con el fin de premiar los mejores ejemplares de ganado que llegaban a la muestra de Palma, se realizaba un concurso para premiar a los criadores. Uno de los últimos premios que se entregó en la feria de ganados de Palma fue este trofeo otorgado el 18 de mayo del año 1934, patrocinado por la marca Buffalo de sueros contra la peste porcina. 






Tras la guerra civil la feria de mayo tardó en recuperarse, y la dimensión comercial ya no volvería a tener la importancia del pasado. Con el tiempo, la feria como evento festivo ha prevalecido, pero nunca podemos olvidar los orígenes de este evento que servía como referencia anual en el calendario agrícola y ganadero.

sábado, 2 de abril de 2016

Los nombres de Peñaflor en 1636. (El padrón de Armas transcripción completa)

Este artículo ha sido publicado en el año 2015 en la revista Almenara de Peñaflor.


La historia de los padrones, recuentos y censos de población en España ha tenido una lenta evolución desde los tímidos intentos que comenzaron en la corona de Castilla a principios de la Edad Moderna. Hasta la instauración en el siglo XIX del padrón municipal de habitantes, hubo censos en el Siglo XVI como los de pecheros (1528 – 1536), censo de Tomás González y las conocidas como averiguaciones de las Alcabalas todos estos registros fueron de carácter fiscal. En ellos la información sobre la población de cada villa es fragmentaria y no se hizo en todos los territorios de la corona. Algunos recuentos eran más específicos, como el realizado en 1571 para repartir por Castilla a los moriscos expulsados de Granada.

Durante el siglo XVII se realizaron pocos censos y normalmente están relacionados, como veremos posteriormente, con la necesidad de recaudar donativos para la asfixiada hacienda real en (1625, 1635 – 1637). También se realizaron recuentos para el reparto de juros o para levas de soldados al final de la centuria. En el siglo XVIII se realizó el catastro del Marqués de Ensenada, que constituye la primera fuente poblacional generalizada. Además, en este siglo se llevaron a cabo otros censos que llevan el nombre de los ministros que los promovieron (Aranda, Floridablanca, Godoy). Esta progresiva toma de conciencia de los gobernantes, estaba encaminada a conocer la realidad social, económica y poblacional del reino, como primer paso para  administrarlo mejor, llega a su culmen en el siglo XIX. En este siglo se establecieron las bases definitivas del padrón municipal de habitantes, que sustituirá a las acciones anteriores realizadas  por el poder civil y el eclesiástico.

El caso del padrón de Armas de Peñaflor constituye una interesante documentación para conocer la realidad poblacional de esta villa a comienzos del siglo XVII. En este legajo conservado en el Archivo Histórico Municipal de Écija y realizado en marzo de 1636, podemos conocer datos sobre la población de la antigua Celti. En aquel momento la villa  tenía un total 145 cabezas de familia, 122 de ellos casados por lo que el total de la población adulta sería de unas 267 personas. La población general en este momento sería difícil de conocer, pues falta información sobre clérigos, niños, etc... Aún así gracias a este documento podemos saber los nombres de los cabezas de familia (normalmente hombres), estado civil, la edad en ese momento, el número aproximado de hijos, y  alguna información adicional. En otros casos se señala la profesión del cabeza de familia, existiendo oficios como el de labrador, carpintero, albañil e incluso algunos trabajos perdidos como el de pilero (peón que amasa el barro). Por el carácter militar de este censo se presta especial atención, a los hombres que han prestado servicio en la milicia. En aquel momento, la villa tenía unos 8 varones que había formado parte del ejército. Existe un documento similar realizado en el mismo año para la vecina villa de Palma del Río, en el que los datos recogidos son más resumidos. Aunque se indica el nombre, la edad, y aparece en más casos señalada la profesión, no se menciona el número de hijos.

La referencia que se toma para este censo es la calle y la casa, por esta razón el documento también nos aporta una visión de la trama urbana del Peñaflor de 1636. El padrón empieza por la calle Real (actuales Juan Carlos I y primer tramo de San Pedro), y continua por la calle de la Carnicería (actual calle Arroyo), de las Cuevas, de la Morería (actuales Nicolás Benito y Cruz de Morería), del Castillo (tramo actual entre el lado Este de la iglesia parroquial hasta la Plaza de la Constitución), calle Nueva, Blancaflor, del Pozo, de Angulo (actual San José), para terminar en la calle del Río (actual Concepción Ruiz). Como observamos en el documento la villa se organiza en diez calles, algo que  coincide con la representación urbana de Peñaflor en el mapa cartográfico de 1.628. En este plano, se observa una configuración espacial en torno a la calle Real; donde dos de las calles presentan una alineación horizontal Este-Oeste (calles Real y Nueva), mientras que el resto lo hacen verticalmente sobre las anteriores (orientación Norte-Sur). La única calle que no obedece a un trazado regular vertical es la calle Morería, que con una configuración irregular, responde a la pervivencia del trazado de la antigua villa amurallada árabe[1].


El documento guarda un interesante pregón por el cual se manda a “quien tuviere armas referidas en la cédula de su magestad las vengan a testificar dentro de dos días con apercibimiento que de no hacerlo se procederá contra los rebeldes como su magestad lo manda“. El testimonio final de este legajo, nos muestra la situación de crisis en la que se encontraba el país ;la monarquía asfixiaba con impuestos y contribuciones a la nación para sostener sus conflictos en el exterior, como se pone de manifiesto en la obligación de pago de 0chocientos reales con los que estaba cargada la población: los firmantes señalan que “este concejo es muy pobre y no tiene propios para poder servir a su majestad en la prevención de las armas y no tener arbitrios que proponer a su majestad por haber servido por vía de donativos con ochocientos ducados pagados en seis años a que esta el  dicho concejo obligado“. Además en este párrafo final también se nos señala que los derechos sobre las pocas tierras de propios que tenía el municipio son de la corona y describe cuales son estas dehesas “una dehesa que llaman del soto, y otra dehesa que llaman de fran ximon con su ejido y el pasto de el ejido de el turuñuelo”.


El objetivo de esta recopilación de información sobre la población, puede estar relacionado con la unión de armas promovida por el Valido del rey Felipe IV (Conde Duque de Olivares); mediante este proyecto se pretendía que todos los “reinos, estados y señoríos” de la corona contribuyeran con hombres, armas y dinero en proporción a su riqueza para la defensa del estado y sus intereses. Recordemos que la monarquía hispánica estaba implicada en varios conflictos armados en el continente y necesitaba recursos humanos, materiales y monetarios. Por ello, se realizó este inventario que nos lega una importante información sobre la población de Peñaflor a comienzos del siglo XVII.

A continuación adjunto una transcripción de todos los nombres de los cabezas de familia de peñaflor en 1636.










[1]              Agradezco las indicaciones de José Francisco López Muñoz sobre la equivalencia de las calles del padrón con las actuales y el desarrollo urbano de Peñaflor.

viernes, 19 de febrero de 2016

Paisajes de Palma del Río pintados por José Pinelo Llull

Hace unos años, cuando esto de internet estaba empezando y había que andar tirando cables de teléfono para llevar internet al ordenador, recuerdo haberme tropezado con una página de subastas donde se vendía una pintura titulada Palma del Río de José Pinelo Llull. No pude ver más detalles de aquella pintura, pero busqué más información de este autor gaditano nacido en 1861 y con exposiciones en Sevilla y Cádiz durante años de juventud. Tras un viaje por Europa, Pinelo volvió a Sevilla en 1881 y comenzó a pintar escenas de paisajes del entorno de la capital andaluza. Posteriomente se desplazó a Lisboa y Madrid, volviendo a Sevilla en algunas ocasiones para plasmar paisajes y escenas de Alcalá de Guadaira, Santiponce, etc...

 Guadalquivir en Palma del Río ( 1890 ). Óleo sobre lienzo.

También se movió por pueblos de la provincia de Sevilla y llegó hasta Palma del Río, donde realizó unos interesantes trabajos de pinturas de paisajes entre 1890 y 1910. 

Palma del Río ( 1907 ). Óleo sobre tabla.

Estas escenas del entorno palmeño, retratan paisajes de los ríos Guadalquivir y Genil, sus norias, puentes y pescadores.

Palma del Río ( 1907 ). Óleo sobre tabla.

Algunas de estas pinturas han sido subastadas en casas importantes como Sothebys y se encuentran en importantes colecciones de este país. 

 Palma del Río ( 1907 ). Óleo sobre tabla.



 Palma del Río ( 1907 ). Óleo sobre tabla.



 Palma del Río ( 1907 ). Óleo sobre tabla.

jueves, 13 de agosto de 2015

Mapas para la Historia de Palma del Río


La forma de plasmar el aspecto de un territorio a lo largo de la historia, ha contribuido a situar los lugares y accidentes geográficos del espacio que nos rodea. La investigación sobre nuestro entorno inmediato, tiene en la cartografía histórica un importante pilar para comprender la evolución del ámbito donde desarrollamos nuestra vida. El espacio geográfico, sus formas de organización y representación también constituye una importante muestra de nuestro  legado común. Los primeros intentos de representar el ámbito que nos rodea, desde la perspectiva humana se hunden en la Prehistoria. Existen historiadores que se remontan a las últimas etapas del Paleolítico para situar las primeras representaciones cartográficas en piezas de piedra y hueso. Aunque los ejemplos más claros de primeros mapas están plasmados sobre las tabletas de arcilla babilónicas. Los mapas egipcios avanzaron en estas representaciones y cerámicas posteriores como el mapa de Solento, fechado en el 500 a.c. contribuyeron a desarrollar la ciencia cartográfica. El primer antepasado directo de nuestros mapas es el controvertido papiro de Artemidoro.


La manera de plasmar la percepción del espacio geográfico va evolucionando a lo largo del tiempo, y ya en la plena Edad Media las informaciones geográficas del ceutí Al Idrisi, sirvieron para dibujar uno de los mapas más completos de Al Andalus. Alrededor del año 1154 se confecciona el primer mapa del mundo conocido llamado “Tabula Rogeriana”, que fue realizado en la corte del rey Roger II de Sicilia. En este curioso documento, la imagen que se nos muestra de la tierra no es la común en mapas posteriores. En esta Tabula, el sur  (África) se sitúa en la parte superior del documento y el norte en la inferior. Al Idrisi que en su infancia vivió en Qurtuba (Córdoba), realizó la primera descripción de los lugares habitados, que por etapas cubrían el camino de Córdoba a Sevilla por la vertiente norte del Guadalquivir en su obra “solaz de corazones y prados de contemplación” (Uns al-muhay wa-rawd al-furay”)[1]. En el mapa de Al Idrisi podemos ver la representación de ciudades cercanas a Palma del Río como Córdoba, Écija y también el accidente geográfico que influyó en la creación de nuestra ciudad, la unión de los dos grandes ríos de Andalucía.


El mundo conocido, amplió sus horizontes a comienzos de la Edad Moderna con los descubrimientos de nuevas rutas y continentes. Esta revolución también permitió un desarrollo de la cartografía como ciencia de uso cotidiano y se empezaron a representar territorios con más detalle. Los cosmógrafos y viajeros europeos de los siglos XVI y XVII realizaron mapas cada vez más avanzados donde se acercaban con más minuciosidad al territorio. En este momento comienzan a aparecer señalados en los mapas los pueblos del valle del Guadalquivir como Palma, Peñaflor e incluso pequeños núcleos habitados hoy desaparecidos como “Almenara” en los alrededores del castillo del mismo nombre, o “La Venta” en la orilla norte del Guadalquivir entre Palma y Peñaflor. 


La primera muestra de Plano con una mayor cercanía a nuestro territorio, lo tenemos en el plano del año 1628 de la villa de Peñaflor custodiado en el Archivo General De Simancas. En este interesante documento podemos observar una imagen clara del territorio de la localidad vecina y de elementos comunes como el antiguo puente del Retortillo, Almenara, el sotillo de Palma, el castillo del Toledillo, etc.


Las proyecciones cartográficas de Palma del Río, aún se quedaban en trazos de líneas en planos con una vaga situación. En el siglo XVIII tenemos el plano de la villa que precede al catastro de Ensenada y un bosquejo en forma de dibujo de la comarca en 1767, conservado en el Archivo Histórico Nacional. Este boceto de mapa pudo estar relacionado con un documento cartográfico levantado para la situación de las nuevas poblaciones de Andalucía y donde viene reflejado con mayor exactitud Palma del Río y su entorno. En dicho mapa, se nos muestran los pagos de huertas alrededor de los meandros del Genil y el hoy desaparecido bosque de la Palmosa.



A principios del siglo XIX, en el año 1802 encontramos el primer dibujo de una demarcación de tierras de nuestro pueblo. Este plano custodiado en el Archivo de Protocolos Notariales de Posadas, nos muestra las lindes de los terrenos de la Palmosa, Gómez y Añez, la vera del Alamillo y el camino al Fuentes de Andalucía.





De la primera mitad del siglo XIX también tenemos dos buenas muestras cartográficas. La primera es un mapa del curso del Río Guadalquivir entre Sevilla y Córdoba que nos sirve para conocer el antiguo cauce del río y como ha cambiado en el último siglo y medio. En los comienzos de esta centuria se puede situar la información plasmada en el plano a color de la zona del injertal de Miravalles conservado en el Archivo Histórico Provincial de Zaragoza ( sección del ducado de Hijar ). En esta obra cartográfica se nos muestran antiguos caminos, cortijos y zonas de monte puestas en labor.





Durante los años setenta del siglo XIX los mapas de Palma del Río se multiplican al desarrollarse infraestructuras como el ferrocarril y el puente sobre el Guadalquivir[2]. Precisamente alrededor de la construcción de este importante enlace entre las dos orillas del río grande, se levantó un interesante plano de zona por el que podemos conocer varios datos importantes para la historia de Palma[3]. En primer lugar, observamos como al llegar a nuestro pueblo, el Guadalquivir tenía varios brazos o madres que en las grandes avenidas como las del año 1862 se llenaban de agua. Además, podemos conocer la situación de un puente anterior y más antiguo levantado en madera y construido unos metros río abajo del actual puente de hierro. Según este plano, este puente de madera estaba construido sobre dos grandes montículos de tierra que servían para apoyar el estribo del puente y así cruzar el río. Este puente de madera desembocaba frente a la actual estación de tren. Tras la ruina de esta construcción, acontecida tras la gran inundación del año 1862, por aquel lugar continuaron atravesando el río barcas. Por esta razón, el camino que llevaba a este antiguo paso del Guadalquivir se llamaba de la Barca. Todavía hoy día existe parte de este camino de tierra con la misma denominación.


[1] Para conocer la evolución de la Cartografía en Andalucía: “Catálogo de la exposición "Andalucía, la imagen cartográfica. De la antigüedad a nuestros días". V.V.A.A. Junta de Andalucía. 2009.
 
[3] Este plano se conserva en el Archivo Histórico Provincial de Sevilla.