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jueves, 19 de abril de 2018

El Real Fisco de la Inquisición de Córdoba



Durante más de trescientos años la inquisición marcó la vida cotidiana de los españoles. Sobre esta institución hay muchas verdades, pero también mucha leyenda.  Normalmente la mayoría de los que se acercan al conocimiento del Santo Oficio, se fijan en las formas de tortura y de represión de las personas que creían, pensaban o sentían de forma diferente a lo que la iglesia predicaba. Sin embargo, la huella de la inquisición fue más allá, tanto por lo prolongada de su acción, como por el eco que provocó en las costumbres del pueblo. Cuando hablamos del pueblo, empezamos la aproximación a ese umbral de nuestro pasado que es la historia local. Sin la historia local podemos perder la perspectiva espacial de nuestro pasado. Por eso es tan importante una  pequeña obra de apariencia, pero de gran impronta. Ese libro breve y de fácil lectura se titula “La Mala Planta “y su autor es Alvaro Castro. Esta rigurosa y divulgativa obra sobre la inquisición en Palma del Río es un valioso ejercicio de microhistoria local. Saber cómo vivió y sufrió la población palmeña el fenómeno de la inquisición también tiene sus lugares. Por eso desde hace un año, tanto el Alvaro Castro como el que escribe, realizamos una ruta temática sobre la Inquisición en Palma del Río. Aunque pensamos que sólo se haría una vez, en cada cita aparece gente y postergamos el fin de este ejercicio de conocimiento histórico. Este próximo sábado 21 de abril será la cuarta vez que hablaremos sobre la Inquisición en Palma.


La inquisición durante todo su periodo de acción levantó una burocracia compleja que con el tiempo necesitó recursos económicos para ampliar su represión y poder. Y aquí es donde entra en juego un organismo creado por el Santo Oficio para financiarse. Con el nombre de Real Fisco de la Inquisición, el santo oficio en 1550 creó su propia entidad fiscal para obtener recursos económicos y manejar sus finanzas (ingresos por canonjías, obras pías, etc… ). Quizás el apartado más oscuro y que probablemente le dio más ingresos, fue la confiscación de bienes de los procesados por el Santo Oficio. La Inquisición no sólo podía apresarte, encerrarte, juzgarte y  (si finalmente eras condenado a muerte) “relajarte “. La relajación era el término utilizado para denominar la ejecución pública (auto de fe) tras la condena del tribunal.


Esta entrada lleva el título de Real fisco, porque en una visita al archivo de Protocolos Notariales de Posadas, consultando información sobre Palma del Río, encontré un documento en la caja 0149 en el cual el Real Fisco de la Inquisición de Córdoba  aparece en una escritura notarial de Palma del Río. Según este documento,  en el año 1670 Ana de León que vivía en la Calle Salvador y era viuda de Domingo García se obligaba a pagar 2.400 reales de vellón del precio y valor de un mulo que “ nos fió y vendió en dicha cantidad y en cuyo derecho y acción sucedió al Real Fisco de la Inquisición de la Ciudad de Córdoba  por el alcance de maravedís que se hizo de otorgar por Rodríguez del Caño como depositario que fue de los bienes secuestrados a Juan Fernández Martos , relajado que fue vecino de la villa de Marchena “.


Como aparece el documento la Inquisición no se conformaba con “relajarte “, también confiscaba todos tus bienes y posteriormente sacaba provecho económico de esas propiedades requisadas a los que habían sido penados (aunque sólo fuera un mulo). En esta ocasión sólo podemos conocer una pequeña parte del fenómeno inquisitorial, pero su sombra ocupaba todos los ámbitos de la vida de los que fueron tocados por el santo oficio.

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