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sábado, 2 de abril de 2016

Los nombres de Peñaflor en 1636. (El padrón de Armas transcripción completa)

Este artículo ha sido publicado en el año 2015 en la revista Almenara de Peñaflor.


La historia de los padrones, recuentos y censos de población en España ha tenido una lenta evolución desde los tímidos intentos que comenzaron en la corona de Castilla a principios de la Edad Moderna. Hasta la instauración en el siglo XIX del padrón municipal de habitantes, hubo censos en el Siglo XVI como los de pecheros (1528 – 1536), censo de Tomás González y las conocidas como averiguaciones de las Alcabalas todos estos registros fueron de carácter fiscal. En ellos la información sobre la población de cada villa es fragmentaria y no se hizo en todos los territorios de la corona. Algunos recuentos eran más específicos, como el realizado en 1571 para repartir por Castilla a los moriscos expulsados de Granada.

Durante el siglo XVII se realizaron pocos censos y normalmente están relacionados, como veremos posteriormente, con la necesidad de recaudar donativos para la asfixiada hacienda real en (1625, 1635 – 1637). También se realizaron recuentos para el reparto de juros o para levas de soldados al final de la centuria. En el siglo XVIII se realizó el catastro del Marqués de Ensenada, que constituye la primera fuente poblacional generalizada. Además, en este siglo se llevaron a cabo otros censos que llevan el nombre de los ministros que los promovieron (Aranda, Floridablanca, Godoy). Esta progresiva toma de conciencia de los gobernantes, estaba encaminada a conocer la realidad social, económica y poblacional del reino, como primer paso para  administrarlo mejor, llega a su culmen en el siglo XIX. En este siglo se establecieron las bases definitivas del padrón municipal de habitantes, que sustituirá a las acciones anteriores realizadas  por el poder civil y el eclesiástico.

El caso del padrón de Armas de Peñaflor constituye una interesante documentación para conocer la realidad poblacional de esta villa a comienzos del siglo XVII. En este legajo conservado en el Archivo Histórico Municipal de Écija y realizado en marzo de 1636, podemos conocer datos sobre la población de la antigua Celti. En aquel momento la villa  tenía un total 145 cabezas de familia, 122 de ellos casados por lo que el total de la población adulta sería de unas 267 personas. La población general en este momento sería difícil de conocer, pues falta información sobre clérigos, niños, etc... Aún así gracias a este documento podemos saber los nombres de los cabezas de familia (normalmente hombres), estado civil, la edad en ese momento, el número aproximado de hijos, y  alguna información adicional. En otros casos se señala la profesión del cabeza de familia, existiendo oficios como el de labrador, carpintero, albañil e incluso algunos trabajos perdidos como el de pilero (peón que amasa el barro). Por el carácter militar de este censo se presta especial atención, a los hombres que han prestado servicio en la milicia. En aquel momento, la villa tenía unos 8 varones que había formado parte del ejército. Existe un documento similar realizado en el mismo año para la vecina villa de Palma del Río, en el que los datos recogidos son más resumidos. Aunque se indica el nombre, la edad, y aparece en más casos señalada la profesión, no se menciona el número de hijos.

La referencia que se toma para este censo es la calle y la casa, por esta razón el documento también nos aporta una visión de la trama urbana del Peñaflor de 1636. El padrón empieza por la calle Real (actuales Juan Carlos I y primer tramo de San Pedro), y continua por la calle de la Carnicería (actual calle Arroyo), de las Cuevas, de la Morería (actuales Nicolás Benito y Cruz de Morería), del Castillo (tramo actual entre el lado Este de la iglesia parroquial hasta la Plaza de la Constitución), calle Nueva, Blancaflor, del Pozo, de Angulo (actual San José), para terminar en la calle del Río (actual Concepción Ruiz). Como observamos en el documento la villa se organiza en diez calles, algo que  coincide con la representación urbana de Peñaflor en el mapa cartográfico de 1.628. En este plano, se observa una configuración espacial en torno a la calle Real; donde dos de las calles presentan una alineación horizontal Este-Oeste (calles Real y Nueva), mientras que el resto lo hacen verticalmente sobre las anteriores (orientación Norte-Sur). La única calle que no obedece a un trazado regular vertical es la calle Morería, que con una configuración irregular, responde a la pervivencia del trazado de la antigua villa amurallada árabe[1].


El documento guarda un interesante pregón por el cual se manda a “quien tuviere armas referidas en la cédula de su magestad las vengan a testificar dentro de dos días con apercibimiento que de no hacerlo se procederá contra los rebeldes como su magestad lo manda“. El testimonio final de este legajo, nos muestra la situación de crisis en la que se encontraba el país ;la monarquía asfixiaba con impuestos y contribuciones a la nación para sostener sus conflictos en el exterior, como se pone de manifiesto en la obligación de pago de 0chocientos reales con los que estaba cargada la población: los firmantes señalan que “este concejo es muy pobre y no tiene propios para poder servir a su majestad en la prevención de las armas y no tener arbitrios que proponer a su majestad por haber servido por vía de donativos con ochocientos ducados pagados en seis años a que esta el  dicho concejo obligado“. Además en este párrafo final también se nos señala que los derechos sobre las pocas tierras de propios que tenía el municipio son de la corona y describe cuales son estas dehesas “una dehesa que llaman del soto, y otra dehesa que llaman de fran ximon con su ejido y el pasto de el ejido de el turuñuelo”.


El objetivo de esta recopilación de información sobre la población, puede estar relacionado con la unión de armas promovida por el Valido del rey Felipe IV (Conde Duque de Olivares); mediante este proyecto se pretendía que todos los “reinos, estados y señoríos” de la corona contribuyeran con hombres, armas y dinero en proporción a su riqueza para la defensa del estado y sus intereses. Recordemos que la monarquía hispánica estaba implicada en varios conflictos armados en el continente y necesitaba recursos humanos, materiales y monetarios. Por ello, se realizó este inventario que nos lega una importante información sobre la población de Peñaflor a comienzos del siglo XVII.

A continuación adjunto una transcripción de todos los nombres de los cabezas de familia de peñaflor en 1636.










[1]              Agradezco las indicaciones de José Francisco López Muñoz sobre la equivalencia de las calles del padrón con las actuales y el desarrollo urbano de Peñaflor.

viernes, 19 de febrero de 2016

Paisajes de Palma del Río pintados por José Pinelo Llull

Hace unos años, cuando esto de internet estaba empezando y había que andar tirando cables de teléfono para llevar internet al ordenador, recuerdo haberme tropezado con una página de subastas donde se vendía una pintura titulada Palma del Río de José Pinelo Llull. No pude ver más detalles de aquella pintura, pero busqué más información de este autor gaditano nacido en 1861 y con exposiciones en Sevilla y Cádiz durante años de juventud. Tras un viaje por Europa, Pinelo volvió a Sevilla en 1881 y comenzó a pintar escenas de paisajes del entorno de la capital andaluza. Posteriomente se desplazó a Lisboa y Madrid, volviendo a Sevilla en algunas ocasiones para plasmar paisajes y escenas de Alcalá de Guadaira, Santiponce, etc...

 Guadalquivir en Palma del Río ( 1890 ). Óleo sobre lienzo.

También se movió por pueblos de la provincia de Sevilla y llegó hasta Palma del Río, donde realizó unos interesantes trabajos de pinturas de paisajes entre 1890 y 1910. 

Palma del Río ( 1907 ). Óleo sobre tabla.

Estas escenas del entorno palmeño, retratan paisajes de los ríos Guadalquivir y Genil, sus norias, puentes y pescadores.

Palma del Río ( 1907 ). Óleo sobre tabla.

Algunas de estas pinturas han sido subastadas en casas importantes como Sothebys y se encuentran en importantes colecciones de este país. 

 Palma del Río ( 1907 ). Óleo sobre tabla.



 Palma del Río ( 1907 ). Óleo sobre tabla.



 Palma del Río ( 1907 ). Óleo sobre tabla.

jueves, 13 de agosto de 2015

Mapas para la Historia de Palma del Río


La forma de plasmar el aspecto de un territorio a lo largo de la historia, ha contribuido a situar los lugares y accidentes geográficos del espacio que nos rodea. La investigación sobre nuestro entorno inmediato, tiene en la cartografía histórica un importante pilar para comprender la evolución del ámbito donde desarrollamos nuestra vida. El espacio geográfico, sus formas de organización y representación también constituye una importante muestra de nuestro  legado común. Los primeros intentos de representar el ámbito que nos rodea, desde la perspectiva humana se hunden en la Prehistoria. Existen historiadores que se remontan a las últimas etapas del Paleolítico para situar las primeras representaciones cartográficas en piezas de piedra y hueso. Aunque los ejemplos más claros de primeros mapas están plasmados sobre las tabletas de arcilla babilónicas. Los mapas egipcios avanzaron en estas representaciones y cerámicas posteriores como el mapa de Solento, fechado en el 500 a.c. contribuyeron a desarrollar la ciencia cartográfica. El primer antepasado directo de nuestros mapas es el controvertido papiro de Artemidoro.


La manera de plasmar la percepción del espacio geográfico va evolucionando a lo largo del tiempo, y ya en la plena Edad Media las informaciones geográficas del ceutí Al Idrisi, sirvieron para dibujar uno de los mapas más completos de Al Andalus. Alrededor del año 1154 se confecciona el primer mapa del mundo conocido llamado “Tabula Rogeriana”, que fue realizado en la corte del rey Roger II de Sicilia. En este curioso documento, la imagen que se nos muestra de la tierra no es la común en mapas posteriores. En esta Tabula, el sur  (África) se sitúa en la parte superior del documento y el norte en la inferior. Al Idrisi que en su infancia vivió en Qurtuba (Córdoba), realizó la primera descripción de los lugares habitados, que por etapas cubrían el camino de Córdoba a Sevilla por la vertiente norte del Guadalquivir en su obra “solaz de corazones y prados de contemplación” (Uns al-muhay wa-rawd al-furay”)[1]. En el mapa de Al Idrisi podemos ver la representación de ciudades cercanas a Palma del Río como Córdoba, Écija y también el accidente geográfico que influyó en la creación de nuestra ciudad, la unión de los dos grandes ríos de Andalucía.


El mundo conocido, amplió sus horizontes a comienzos de la Edad Moderna con los descubrimientos de nuevas rutas y continentes. Esta revolución también permitió un desarrollo de la cartografía como ciencia de uso cotidiano y se empezaron a representar territorios con más detalle. Los cosmógrafos y viajeros europeos de los siglos XVI y XVII realizaron mapas cada vez más avanzados donde se acercaban con más minuciosidad al territorio. En este momento comienzan a aparecer señalados en los mapas los pueblos del valle del Guadalquivir como Palma, Peñaflor e incluso pequeños núcleos habitados hoy desaparecidos como “Almenara” en los alrededores del castillo del mismo nombre, o “La Venta” en la orilla norte del Guadalquivir entre Palma y Peñaflor. 


La primera muestra de Plano con una mayor cercanía a nuestro territorio, lo tenemos en el plano del año 1628 de la villa de Peñaflor custodiado en el Archivo General De Simancas. En este interesante documento podemos observar una imagen clara del territorio de la localidad vecina y de elementos comunes como el antiguo puente del Retortillo, Almenara, el sotillo de Palma, el castillo del Toledillo, etc.


Las proyecciones cartográficas de Palma del Río, aún se quedaban en trazos de líneas en planos con una vaga situación. En el siglo XVIII tenemos el plano de la villa que precede al catastro de Ensenada y un bosquejo en forma de dibujo de la comarca en 1767, conservado en el Archivo Histórico Nacional. Este boceto de mapa pudo estar relacionado con un documento cartográfico levantado para la situación de las nuevas poblaciones de Andalucía y donde viene reflejado con mayor exactitud Palma del Río y su entorno. En dicho mapa, se nos muestran los pagos de huertas alrededor de los meandros del Genil y el hoy desaparecido bosque de la Palmosa.



A principios del siglo XIX, en el año 1802 encontramos el primer dibujo de una demarcación de tierras de nuestro pueblo. Este plano custodiado en el Archivo de Protocolos Notariales de Posadas, nos muestra las lindes de los terrenos de la Palmosa, Gómez y Añez, la vera del Alamillo y el camino al Fuentes de Andalucía.





De la primera mitad del siglo XIX también tenemos dos buenas muestras cartográficas. La primera es un mapa del curso del Río Guadalquivir entre Sevilla y Córdoba que nos sirve para conocer el antiguo cauce del río y como ha cambiado en el último siglo y medio. En los comienzos de esta centuria se puede situar la información plasmada en el plano a color de la zona del injertal de Miravalles conservado en el Archivo Histórico Provincial de Zaragoza ( sección del ducado de Hijar ). En esta obra cartográfica se nos muestran antiguos caminos, cortijos y zonas de monte puestas en labor.





Durante los años setenta del siglo XIX los mapas de Palma del Río se multiplican al desarrollarse infraestructuras como el ferrocarril y el puente sobre el Guadalquivir[2]. Precisamente alrededor de la construcción de este importante enlace entre las dos orillas del río grande, se levantó un interesante plano de zona por el que podemos conocer varios datos importantes para la historia de Palma[3]. En primer lugar, observamos como al llegar a nuestro pueblo, el Guadalquivir tenía varios brazos o madres que en las grandes avenidas como las del año 1862 se llenaban de agua. Además, podemos conocer la situación de un puente anterior y más antiguo levantado en madera y construido unos metros río abajo del actual puente de hierro. Según este plano, este puente de madera estaba construido sobre dos grandes montículos de tierra que servían para apoyar el estribo del puente y así cruzar el río. Este puente de madera desembocaba frente a la actual estación de tren. Tras la ruina de esta construcción, acontecida tras la gran inundación del año 1862, por aquel lugar continuaron atravesando el río barcas. Por esta razón, el camino que llevaba a este antiguo paso del Guadalquivir se llamaba de la Barca. Todavía hoy día existe parte de este camino de tierra con la misma denominación.


[1] Para conocer la evolución de la Cartografía en Andalucía: “Catálogo de la exposición "Andalucía, la imagen cartográfica. De la antigüedad a nuestros días". V.V.A.A. Junta de Andalucía. 2009.
 
[3] Este plano se conserva en el Archivo Histórico Provincial de Sevilla.

sábado, 1 de agosto de 2015

Las torronteras de los ciegos

Con este curioso apelativo, aparece en fecha tan temprana como el año 1377 el topónimo de "Torronteras de los Ciegos", en la colección documental del Hospital de San Sebastián custodiada en el Archivo Municipal de Palma del Río. Así se denominaba uno de los accidentes geográficos y paisajísticos más interesantes del término de Palma del Río.Posteriormente este sitio también se llamó "Barrancos o Barrancas de los Ciegos", siendo un lugar donde los terrenos de la campiña se encuentran con el valle del Guadalquivir creando un curioso y árido paisaje de escorrentias de arcilla ( conocida popularmente como "grea"). Desde el deslinde de términos municipales que se esboza en la baja Edad Media y se asienta en la Edad Moderna, las líneas de este precipicio sirven para delimitar los municipios de Palma y Lora.



Según cuentan aquel lugar servía como antigua cantera donde los alfareros extraían la archilla para sus talleres de cerámica. A los pies de estos barrancos, hasta  hace un par de siglos discurría el Río Guadalquivir que en su continuo cambio de cauce ha movido sus aguas casi dos kilometros en dirección norte. Todavía la antigua madre vieja del Guadalquivir es atravesada por el agua del arroyo de La Matilla. 
 
En este plano realizado en 1779 del curso del Río Guadalquivir entre Córdoba y Sevilla, podemos observar como el río aún flanquea estas quebradas terrazas. 


Otro interesante plano es el que nos muestra los alrededores del injertal del Miravalles en el Siglo XVIII - XIX y también nos vuelve a señalar de manera más esquemática las barrancas y los dos afluentes del Guadalquivir en la zona ( el arroyo de La Matilla y el arroyo Madre de Fuentes). Como se pueden observar en las fotografías de la parte inferior, la panorámica de todo el valle del Guadalquivir y de la campiña dotan a la zona de los ciegos de un importante valor paisajístico y geográfico. 

Aquí dejo enlace a la ruta en bicicleta en Wikiloc:

 http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=12290412
 






domingo, 14 de junio de 2015

Pleitos en defensa de la feria de Palma



Las ferias actuales tienen su precedente histórico en los mercados anuales relacionados con el sector primario que servían para intercambiar productos, animales y mercaderías. El origen y desarrollo de estos lugares de comercio se produce durante el Medievo y el caso de Palma es modélico. Desde finales de la Baja Edad Media se organiza el comercio de nuestro pueblo, mediante una feria anual que se posicionaba en la calle del mismo nombre. La actual feria de agosto, tiene como precedente el mercado que el Rey Juan II en 1451 concedió al 6º Señor de Palma Martín Fernández Portocarrero “de 15 días de duración y que habría de comenzar el día de Santa María de agosto”.



Esta feria anual se convirtió en referente en todo el valle medio del Guadalquivir y era objeto de protección especial por parte de la familia Portocarrero. En la Edad Moderna, el comercio aumenta y se va extendiendo, comenzando a existir mercados locales de carácter anual en muchos pueblos. Estos mercados ocasionales en otras villas de la comarca, a pesar de no tener la importancia de la feria palmeña, levantaron las suspicacias del conde de Palma. Esta situación de posible amenaza a los intereses económicos del condado, que mediante alcabalas e impuestos era beneficiario de las negocios efectuados en la feria, provocó la puesta en marcha de pleitos para defender la primacía de la feria de Palma en la comarca.

Por esta razón, comenzó un proceso judicial contra el concejo de la villa de Lora, por su supuesta permisividad con un mercado que se organizaba alrededor de la festividad de Setefilla. De estas demandas judiciales fechadas en el año 1616, se conservan un par de ejemplos en la documentación histórica de la Real Chancillería de Granada. Gracias a estos legajos podemos saber que la feria de Palma tradicionalmente comenzaba el 24 de agosto, coincidiendo con la festividad de San Bartolomé. Ordinariamente el mercado duraba entre siete y ocho días, por lo que terminaba a principios del mes de septiembre. Unos días después comenzaba en Lora la festividad que conmemoraba la virgen de Setefilla y coincidiendo con sus fiestas se organizaba un pequeño mercado. Por este motivo el condado de Palma interpone pleitos para defender la feria “de todo daño y perjuicio del privilegio y feria antiquísima que en la villa de palma se hace desde quince días del mes de agosto hasta quince días del més de septiembre de cada año, del cual me ha venido y viene notable por hacer feria dentro de este tiempo”.

Como en todos los procesos judiciales el demandado, en este caso el concejo de la villa de Lora, se defendía alegando que no existía tal mercado si no “el concurso de mucha gente a las fiestas de Setefilla”. Además, según este concejo los beneficios de los impuestos (alcabalas) sobre las pequeñas ventas que se realizaban alrededor de esta festividad no iban para el propio concejo, si no que recaían en el conde olivares.

La actividad económica, social e incluso cultural se veía condicionada por estas ferias que alteraban el tranquilo discurrir de una villa rural. En la actualidad la feria ha cambiado pero no se debe olvidar los orígenes de estos acontecimientos que han marcado la historia de un pueblo.

jueves, 7 de mayo de 2015

Una historia huérfana. Homenaje a Pepe López


Escribir palabras en momentos como estos es difícil,  aveces algunos acontecimientos nos desbordan y hay pérdidas que nos dejan sin aliento. Hoy hace una semana que estuvimos hablando por última vez. En nuestras habituales conversaciones sobre historia, le pedí que estuviera en la presentación de mi libro en Peñaflor. Me hubiera gustado que ese día Jose Francisco López Muñoz me hubiera acompañado en la mesa( iba a ser este próximo sábado 9 de mayo) y como siempre, como hacía con todo el mundo, me dijo que contara con él sin dudarlo. Pepe conocía como pocos el pasado del valle medio del Guadalquivir desde la Prehistoria, hasta el periodo Romano ( donde siempre había defendido la importancia social, cultural y económica que para Peñaflor tenía la recuperación del yacimiento de Celti). Además de sus múltiples artículos e investigaciones históricas sobre Peñaflor, deja dos libros inéditos que deben ser publicados.El primero de estos libros profundiza sobre los castillos de Peñaflor ( su conjunto fortificado, castillo del Toledillo y el de Almenara). El segundo libro es un impresionante trabajo de recopilación documental e histórica de la villa de Peñaflor, que presentó el año pasado en las Jornadas de Patrimonio expuso y donde se le notaba feliz por comunicar este trabajo a su pueblo. En una entrada anterior hablé de la vocación del historiador y a Pepe esa vivencia del pasado le llenaba la vida. Siempre defendía la utilidad social de la historia, la importancia de la memoria en nuestro tiempo y la necesidad de implicar a los jóvenes en estos procesos de conocimiento.

Algunas de esas investigaciones que estabamos empezando a cimentar, las habíamos pensado desde una perspectiva comarcal. Estabamos de acuerdo que había que superar el ámbito local para enlazar con la historia de los pueblos vecinos del valle del Guadalquivir ( Hornachuelos, Palma, Posadas, Peñaflor, La Puebla de los Infantes, Lora, etc...).La división en dos provincias, no podía obviar las afinidades en el pasado y habíamos hablado de hacer un estudio conjunto de patrimonio hidráulico y más adelante de la evolución histórica del valle. 

Ayer se nos marchó el gran pulmón, el corazón y el cerebro de muchos de estos proyectos, pero no podemos, quizás no debemos olvidar estos planes que entre varios investigadores habíamos comenzado a trazar. La mejor forma de recordarlo es seguir trabajando en estos temas y nadie mejor que Pepe y sus palabras para resumir este afán: " Cuando falte, quiero suplir el pesar de la ausencia en los corazones de las personas queridas, con importantes trabajos de investigación patrimonial e histórica; en ello ando, para transmitir a las nuevas generaciones el gusto por el conocimiento y la investigación... para que cada vez seamos mas grandes y más personas... quien conoce su pasado tiene en sus manos poder cambiar a positivo parte del futuro..."

jueves, 26 de marzo de 2015

Los nombres de Palma del Río en 1636

El pasado sábado 21 de marzo participé en las X Jornadas de Historia Cardenal Portocarrero con una ponencia sobre el Padrón de Armas de Palma del Río en 1636. En una entrada anterior yo hablé del padrón de armas de Peñaflor y pronto espero que salga publicado un artículo sobre el mismo. En paralelo a la información de los cabezas de familia de la antigua Celti, se llevó a cabo la visita y recopilación de datos en Palma del Río. Aunque los hombres registrados en Palma son 700, por 145 de Peñaflor . En esta última villa además del nombre, edad, estado civil y otros datos como profesión o si había pertenecido a la milicia, también se señala el número de hijos y su edad. En el caso palmeño no tenemos constancia de los hijos del cabeza de familia, pero si de alguna información valiosa como la profesión. Tenemos memoria gracias a este padrón de la importancia del oficio de pescador ( de río ), de otros oficios perdidos como galafate ( el que realiza portes ), cerero ( trabaja con la cera ), etc...


Toda esta información esta organizada en calles, algo que también nos dota de un interesante testimonio desde el punto de vista urbanístico del siglo XVII. Aunque he transcrito todo el documento espero poder publicarlo pronto en las actas de las jornadas, para dar a conocer los nombres de Palma del Río en marzo de 1636.

Esta fue la presentación que expuse.